Mónica Lavín



Me pregunto cómo habrá recibido Bob Dylan la noticia de que Suze Rotolo murió este 25 de febrero. Se habían conocido cincuenta años atrás y no es que estuvieran en contacto. Pero Suze a los diecisiete años era “la cosa más erótica que hubiera visto” en palabras de Dylan. Hija de comunistas, librepensadora, era quien en los años sesenta lo había acercado al activismo político, a las manifestaciones pacifistas. ¿Habrá leído la noticia en el periódico?, ¿le llegó por twitter –lo usará acaso el maestro del folk rolk-?, ¿le llamó Joan Baez con quien comenzó a salir poco antes de terminar con la chica Rotolo en 1963?, ¿o fue Scorcese que la entrevistó para el espléndido documental sobre Dylan quien lo puso al tanto? Con la noticia habrá llegado el peso de la ola del tiempo, esa impotencia por responderse (how many deaths will it take till he knows that too many people have died) qué se hizo del tiempo, si apenas caminaban por Greenwich de la mano, supondrá que dejaron conversaciones pendientes, dos o tres canciones que también quiso escribirle además de Boots of Spanish leather y Don’t think twice it’s all right (cuando ella se fue a Italia con su familia unos meses). Habrá sentido el deseo de mirar la portada del disco donde aparecen caminando, Suze con ese pelo espeso y largo, con su gabardina muy Nueva York, tomada del brazo de él, aferrada a su chamarra como si estuviera orgullosa de que estuvieran juntos, como si tomándose de él, el mundo estuviera bien. Ella se había dedicado a la pintura, a ilustrar y se había casado con Enzo Bartoliocci, editor de cine, también de origen italiano. No estaba sola, respiró aliviado Dylan, el marido estuvo con ella al momento de su muerte de cáncer pulmonar. Todo es cuestión de suerte. Freewheelin otra vez, Suze, me pudo tocar a mí, te tocó a ti, nadie sabemos cuando nos vamos, lo único cierto es la hora de la llegada, pero no lo pienses dos veces porque así está bien. Qué va a estar bien, Suze, pensó Dylan seguramente. Nunca está bien morirse. Llevarse los trozos de los otros que te amaron, que recorrieron tu piel, Lay lady lay, que te habitaron como a una ciudad, ese Village que era de ellos cuando vivían en la West 4th Street. Eran los años sesenta y a pesar de que Suze había sido la pareja de quien se empezaba a convertir en el emblemático cantante de una generación que buscaba respuestas que volaban en le viento, que cuestionaba a los padres tan proclives al error como los adolescentes, que protestaba por la guerra, que quería las suaves formas del amor, ella había sido discreta. No hablaba de Dylan, no explotaba su parte de la historia en la mítica figura. Se hubiera llevado esos recuerdos de musa, de gloria callejera en un momento épico de nuestra historia reciente. Pero escribió sus memorias del Greenwich Village hace poco y permitió poner luz al barrio de los artistas, al corazón del cambio de actitudes, al tiempo mítico. Compartió sus pasos, y esos pasos incluyeron la foto que ahora Dylan ve con la combi detrás, involuntaria y símbolo de la libertad carreteril, del road heart, del espíritu de aventura y trashumancia. Me pregunto que hace Dylan con la muerte de Suze Rotolo, de qué manera prende su veladora personal a esta chica poseedora de una sonrisa que podía iluminar una calle  llena de gente y que era muy vivaz y llena de voluptuosidad, a esta cómplice durante tres años, razón de ser de un disco donde no podía faltar ella. Pero Suze ya no está, ni esa embriagante sensación de que el mundo sería un lugar más amable para vivir. Y el poeta no sabe qué hacer con ese duelo personal, porque no hay un código que diga qué se hace cuando se muere la musa, qué flores se le envían, nadie le da el pésame a él. Se queda uno muy solo cuando se muere la musa, porque no se supone que lo hagan, si no que acompañen al espíritu creador, que estén allí para asistir a la imaginación, para regalarle palabras e imágenes, para consolar sus desánimos, para asegurarle la permanencia de ciertas cosas, para tomarle la mano y llevarla por el papel arrastrando una canción o para colocarle la armónica en los labios y que le arranque gemidos desde el corazón. Sí, eso hace Dylan para Suze y sin ella. 

bob‑dylan‑and‑suze‑rotolo.jpg

Publicado en El Universal/ 9.04.2011



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Comentarios (1)Add Comment
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de wevaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
escrito por arturo diez macin, julio 17, 2011
de weva esta tipa aburrida

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