Mónica Lavín



He recibido llamadas donde me anuncian con voz jubilosa que gané un fin de semana en Cancun, en Ixtapa, todo pagado, menores de doce años incluidos, que qué me parece, me felicitan y me piden que vaya a recoger los boletos en tal lado; también he caído a un supuesto desayuno a un hotel de playa en algún viaje hace mucho, donde si no llevabas tarjeta de crédito te olvidabas del bufet y a ver cómo te regresabas. Pero uno ya está grandecito para desconfiar de lo gratuito, de que uno ha tenido la suerte entre miles… Sin embargo, por la historia que me fue referida hace poco, hay quienes mercan con la ilusión y la juventud de una manera perversa. Quién sabe cómo una tal compañía Marketing Judgement obtiene los correos electrónicos de recién egresados de la carrera de Diseño Industrial de la Universidad Iberoamericana (la UIA tendrá que investigar esto) y se dirige personalmente a los jóvenes ofreciéndoles un atractivo trabajo como diseñadores, 24 mil mensuales, bono semestral, pueden trabajar desde su casa, es una empresa internacional, les dicen. Contrato trimestral por honorarios para empezar; si el desempeño es bueno, una contratación fija. Los interesados se presentan en un despacho en la dirección indicada en Bosques de Duraznos. Quien me cuenta esta historia es recibido por una señorita alta, delgada, veintitantos años o treinta y pocos, bien atildada que habla con toda seguridad, eso si apenas un escritorio y silla. Era requisito llevar muestras del trabajo realizado que reciben una carga de  elogios que elevan a cualquiera de la silla. Una joven promesa, un futuro luminoso. Al fin de la entrevista, la señorita aclara que de ser elegido, es requisito para entrar a trabajar tomar un curso de capacitación de dos días o bien si creen conocer todas las áreas que competen a su contratación, tendrán una asesoría durante el año cuando la requieran y este tiene un costo de cinco mil pesos. Claro, dice el joven diseñador que explica a su vez que ahora trabaja ya pero con un menor sueldo, la mujer dice que no tiene que dejar ese empleo pues podrá realizar los diseños desde su casa, es cuestión de organizarse. Estupendo, no podía estar mejor, claro que tomaré el curso piensa restándole cinco mil a los 24 mil que pagarán concluyendo el primer mes. Invierto en mí. La universidad manda mails preventivos cuando advierte que sus alumnos están siendo citados por una empresa, hagan caso omiso, insiste, sabiendo que cualquier asunto de bolsa de trabajo es supervisado por ellos.  Pero ya las gestiones han avanzado, las cuentas de la lechera. No todos hacen caso, las uvas al otro lado de la orilla del río se ven jugosas, sin embargo la duda se ha sembrado. Los padres se involucran: demasiado bueno para ser cierto. Llega un nuevo correo, avisando al diseñador que ha sido aceptado, que se presente el lunes, tiene que ser ese día, con los 5 mil pesos para pagar el curso. Mandan también un contrato donde en algunas de sus cláusulas se refieren al costo de la capacitación y en negritas resaltan que debe ser en efectivo. Ya el asunto empieza a oler mal, todo muy de prisa,  el contrato lo firma una mujer cuyo apellido aparece con iniciales, la página en Internet de esa compañía tan preocupada por el diseño es barata, no se entiende nada, está para reprobar a quienes darán el mentado curso. El contrato no tiene domicilio fiscal, ni RFC, comenta el interesado. ¿Me lo podrían mandar? Desde luego, contestan, pero no se vuelve a saber de ellos. Marketing Judgement se evapora, como los 24 mil mensuales, el trabajo desde casa en una empresa internacional que piensa que el trabajo es por objetivos no con horario… el ridículo se instala en el ánimo. Haber sido engañado, la UIA advierte ya del fraude. Si cayeron mil ilusos hay medio millón de pesos cosechado en una semana. Si esto se repite en varias universidades de la ciudad y del país y con diferentes carreras (una puesta en escena para cada perfil) pueden caer muchos millones. Sin duda astutos quienes están detrás de  esta venta de futuro, de este engaño descarado. Han escogido como víctimas a los jóvenes recién salidos de las universidades con hambre de trabajo, de sueldo, con ganas de probarse en el mundo de afuera. A los jóvenes, desafortunadamente, hay que volverles a contar el cuento de Caperucita roja, porque los lobos sí existen y pueden hacer desviar el camino y disfrazarse para ocultar su cuerpo peludo y sus colmillos malolientes. Y a los lobos hay que encontrarlos y que monten su oficina en un reclusorio. Hay matices en lo inmoral; lucrar con la ilusión es de mal nacido. Publicado en Kiosko de El Universal


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Comentarios (1)Add Comment
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Siguen y siguen cayendo mas personas
escrito por Andres, febrero 13, 2011
Este caso es serio porque siguen cayendo mas y mas personas. Fui uno de los defraudados, me dí a la tarea de publicar sus mentiras y ahora me quieren intimidar

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